En Chile a los bebés y niños menores de 4 años, se le aplican una serie de vacunas contra de enfermedades como: Tuberculosis, Poliomelitis, Difteria, Tétanos, Tos convulsiva, Sarampión, Paperas, Rubeóla. Recientemente se han agregado vacunas contra la Hepatitis B y la influenza. Esto con el fin de mejorar la salud de la población. Hasta aquí, nada extraño.
Lo que no dicen es que las vacunas recientemente incorporadas, como la HIB y Hepatitis B Pediátrica contienen mercurio. El componente de la polémica se llama Thimerosal, un preservante de vacunas que contiene este veneno. La denuncia surgió a raíz de la demanda presentada por madres chilenas en contra de las autoridades de salud, ya que no se les informó de la presencia de este metal altamente tóxico en las vacunas. Sus hijos nacidos completamente, presentaron cuadros de autismo de forma posterior a la aplicación de la vacuna:
Asimismo, la presidenta de la Rama de Infectología de la Sociedad Chilena de Pediatría, confirma esta denuncia y que explica detalladamente a continuación.
Vacunas Infantiles y Preservante Thimerosal
Dra. Elba Wu Hupat
Pediatra Infectóloga
Presidenta Rama de Infectología
Sociedad Chilena de Pediatría
Pediatra Infectóloga
Presidenta Rama de Infectología
Sociedad Chilena de Pediatría
Los principales motivos de preocupación que tienen relación con la vacuna hepatitis B y son las siguientes:
1.- Cuando se decidió la
incorporación de la vacuna hepatitis B en el nuevo calendario de
vacunaciones PAI de Chile, se anunció, tanto en la página Web del MINSAL
como en medios de comunicación, que sería como vacuna pentavalente
(DPT-Hib-HepB); incluso el instructivo que fue enviado a los servicios
para la puesta en marcha del nuevo calendario PAI dice que se aplicará
la vacuna Hep B como DPT-Hib-Hep B, es decir pentavalente. No dice que
se aplicará DPT-Hib y Hep B, que es lo que se está efectuando.
2.- Con la aplicación de la
vacuna Hep B en forma separada de la DPT-Hib no se están respetando los
derechos del niño ya que dos pinchazos ocasionan mayores molestias y
dejan pocas posibilidades para la colocación de otras vacunas como la
neumocócica conjugada; esta última vacuna es indicada por algunos
pediatras a los niños que están bajo su control ya sea porque tienen
factores que ameritan su indicación y/o porque puede ser solventada por
los padres.
3.- Además, con la aplicación
de la vacuna Hep B en forma separada de la DPT-Hib se incrementa la
posibilidad de efectos adversos porque se aumenta la cantidad de
aditivos administrados; esto no sucede con su aplicación como
pentavalente, pues se administra la cantidad de aditivos
correspondientes a una sola vacuna.
4.- El punto anterior se une a
otro motivo de preocupación de los usuarios y de los pediatras y es la
posible relación, de la que se habló en algún momento, entre el
thimerosal contenido en las vacunas con autismo y con otras alteraciones
del neurodesarrollo. El mercurio (Hg) es el componente del thimerosal
que sería dañino para el SN. Si bien las evidencias existentes descartan
que haya relación entre el thimerosal administrado en las vacunas y
autismo, los estudios efectuados hasta el momento no han sido
suficientes para descartar totalmente o comprobar la existencia de
alguna relación entre Hg y ciertas alteraciones (a veces sutiles) del
neurodesarrollo (alteraciones de memoria, lenguaje, desorden de déficit
atencional / hiperactividad), alteraciones más probables de darse si el
Hg es recibido por fetos y por niños que son pre-términos.
Ante esta posible relación,
aunque mínima, EEUU y algunos países europeos han adoptado la política
de reemplazar todas las vacunas que contienen thimerosal en cantidades
habituales por aquellas que tienen sólo trazas (< de 1 µg/ dosis) o
que están libres de el. En EEUU, incluso, las vacunas de influenza
habituales, que contienen la cantidad máxima de thimerosal permitida por
vacuna (25µg/ dosis), deberán ser reemplazadas por vacunas libres o con
sólo trazas de thimerosal cuando se indiquen a mujeres embarazadas o a
lactantes. Incluso, también la OMS recomienda ir cambiando las vacunas
que contienen thimerosal por aquellas que las contengan en menor
cantidad o que estén libres de el, para así disminuir una innecesaria
exposición al componente mercurial del thimerosal. Eso sí, se deja
establecido que en los países con situaciones epidemiológicas y
socioeconómicas en que el riesgo de las enfermedades prevenibles por las
vacunas es mayor que el posible riesgo del thimerosal, se debe seguir
usando las vacunas con contenido habitual de thimerosal, que son menos
costosas.
La vacuna Hep B que se está
aplicando ahora en Chile contiene, según el prospecto, 0,01 p/v % en la
dosis de 0,5 ml, es decir contiene lo máximo permitido de thimerosal
(50µg) por dosis, equivalente a 25 µg de Hg, lo que se debe sumar a la
cantidad de Hg que contiene la DPT-Hib que se está colocando
actualmente, y que aunque no viene especificada en el folleto inserto en
la vacuna, sería una cantidad similar. De ser así, los niños menores de
6 meses estarían recibiendo en sus vacunas una dosis acumulativa de Hg
que, según el valor máximo de seguridad que se tome como referencia para
exposición crónica de metil-Hg, podría estar por sobre lo máximo
permitido para esa edad (EPA, USA: 0,1 g/ kg/ día) o estar aún en un
rango permitido (OMS: 0,47 g/ kg / día).
En Chile, no estando en
condiciones socioeconómicas de pobreza, el problema del thimerosal
contenido en la vacuna hepatitis B se soluciona colocándola como
pentavalente, vacuna que contiene cantidades mínimas de thimerosal
(<3 g). Con la vacuna pentavalente, además, no sólo se disminuye la
exposición al thimerosal sino que también a otros aditivos presentes en
las vacunas y significa sólo un pinchazo, y no dos, lo que permite la
inmunización con otras vacunas como la neumocócica.
REFERENCIAS
American Academy of Pediatrics. Pediatrics. 1999; 104: 570-574.American Academy of Pediatrics. Pediatrics. 2001; 107: 1147-1154.
Ball LK, el al. Pediatrics. 2001; 107: 1147- 1154
FDA: http://www.fda.gov/cber/vaccine/thimerosal.htm
Henderson DC. Lancet. 2002; 2002; 360:1711-12.
Nelson KB, et al. Pediatrics. 2003; 111: 674-679.
Pichichero ME, et al. Lancet. 2002; 2002; 360: 1737-41.
Pless R, et al. J. Pediatr. 2000; 136: 571-3.
Stajich GV, et al. J Pediatr. 2000 ; 136 :679-81.
0 Comentar:
Publicar un comentario en la entrada